David Lorente ha creado el Babyllage, una nueva técnica de coloración que fusiona la sutileza de las babylights y el degradado del balayage para conseguir más luz en medios y puntas sin aclararlas en exceso. El resultado es ese efecto de melena ligeramente aclarada por el sol que no parece recién salida de peluquería, pensado para esa clienta que pide «verme más clara, pero no demasiado».
De dónde surge y qué es exactamente
La idea nació trabajando el color de una clienta en el salón de David Lorente. El resultado gustó tanto que decidieron ponerle nombre. El Babyllage conserva el reflejo fino y natural que proporcionan las babylights desde la raíz, pero lo prolonga hacia medios y puntas aumentando progresivamente la intensidad, como ocurre en un balayage. La diferencia está en hasta dónde se lleva ese aclarado.
Ni tan sutil como unas babylights ni tan marcado como un balayage
Ese es precisamente el espacio que quiere ocupar la técnica. Como explica Miguel Colina, colorista del salón David Lorente, «las babylights reproducen esos reflejos finísimos y naturales que aparecen en el cabello de los niños y permiten iluminarlo sin grandes contrastes. Pero, cuando se busca algo más de luz en largos, pueden quedarse cortas. En el extremo contrario, un balayage permite intensificar mucho más el aclarado hacia las puntas». El problema, señala, es que no todas las clientas quieren llegar hasta ahí: «Hay personas que quieren cambiar un poco, pero no quieren que se note demasiado ni ver la punta excesivamente aclarada. Buscábamos dar un toque muy sutil y natural desde la raíz y degradarlo ligeramente hacia la punta».
El Babyllage utiliza mechas muy finas, manteniendo la naturalidad en la raíz y haciendo que esas mismas secciones ganen progresivamente luz a medida que descienden por el cabello. «La naturalidad reside en que no busca crear una punta muy rubia ni un contraste evidente entre las distintas zonas de la melena«, apunta Colina.
El efecto «me lo ha aclarado el sol»
Es probablemente la forma más sencilla de visualizar el resultado: la raíz permanece muy próxima al color natural, los medios ganan luminosidad y las puntas son algo más claras, pero sin que se perciba dónde empieza o termina cada intensidad. «Queremos que sea como un degradado del sol: más clarito hacia las puntas mientras la raíz sigue teniendo un efecto muy natural», resume Colina.
En cuanto a la diferencia de tonos, el peluquero parte de un reflejo aproximadamente dos o tres tonos más claro que la base y aumenta progresivamente el aclarado hacia las puntas, pudiendo llegar a tres, cuatro o cinco tonos según el cabello y el resultado buscado. La clave, insiste Colina, no es únicamente cuánto se aclara, sino cuánto cabello se aclara: frente a un balayage, que puede involucrar una proporción considerable de la melena, el Babyllage mantiene el trabajo fino de los reflejos naturales y usa esas mismas mechas para construir el degradado. «No se trata de dejar el cabello más rubio, sino de conseguir que la luz forme parte de él», añade.
Para qué clienta funciona
El perfil de la clienta Babyllage son mujeres que quieren modificar el color pero sienten cierto respeto ante un cambio demasiado evidente, cabellos que necesitan luz pero no una transformación completa, o clientas que ya disfrutan del efecto de las babylights y quieren avanzar un paso más. «A veces las babylights se quedan un poco cortas porque no llegan a aclarar suficientemente la punta. Aquí potenciamos ligeramente esa zona para conseguir el degradado, pero manteniendo la raíz muy natural», explica el colorista.
Además, la técnica permite evolucionar poco a poco: si tras el primer Babyllage la clienta quiere verse algo más clara, en la siguiente sesión puede mantenerse el mismo reflejo en la raíz e intensificar progresivamente medios y puntas, sin dar de golpe el salto a una coloración mucho más marcada.
Una coloración low maintenance
La naturalidad del Babyllage juega también a favor del mantenimiento. Al no crear desde el principio un contraste excesivo con la base, el crecimiento queda mucho más integrado y la línea de raíz resulta menos evidente. Según Colina, «el retoque puede espaciarse aproximadamente entre cuatro y seis meses, aunque dependerá siempre de la base natural y de cuánto se haya aclarado el cabello: cuanto mayor sea la diferencia entre ambos tonos, antes comenzará a percibirse el crecimiento».









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