Bienestar en el salón. Un paso más hacia la excelencia

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Incluir tratamientos, rituales, dispositivos o incluso zonas específicas en el salón dirigidos a buscar la relajación y el disfrute del cliente es una tendencia clara en el sector. A la peluquería ya no solo se acude a cuidarse el cabello, sino a dedicarse un rato de autocuidado global a uno mismo. Abrazar este enfoque no siempre implica una gran inversión, a veces basta con cambiar la mentalidad y ajustar los protocolos.

El objetivo de cualquier negocio del tercer sector es la búsqueda de la excelencia, elevar el nivel de sus servicios. Pero hay muchas maneras de hacer esto: enfocándose en la profesionalidad y la formación del equipo, perfeccionando la experiencia del cliente o, como vemos cada vez más a menudo, diversificando la oferta. Nos lo decía Charles Greer, asesor de negocios de barbería, hace unos meses: “Han aparecido nuevos modelos de peluquerías y barberías que están ofreciendo a sus clientes muchos más servicios”. Desde depilaciones y manipedis, más habituales en el sector de la estética, a masajes y rituales de relajación, más cercanos al entorno del spa o el bienestar. A menudo, una mezcla de ambas. En realidad, esto se ha hecho siempre, hasta en las peluquerías más humildes: maquillaje, uñas, cabello y masaje han sido el pack estándar de la belleza. Quizá la diferencia ahora esté en el espacio que se le dedica, el peso que tiene en el negocio de peluquería.

Un momento para uno mismo

Cuando hablamos del “espacio” que se le dedica a estos “otros servicios”, nos referimos también a algo literal, físico. Es el caso de Felicitas Ordás, propietaria de Felicitas Hair, en Mataró (Barcelona), que en 2024 inauguró en su salón un “hair spa”, concebido como “un pequeño oasis dentro del salón, un espacio pensado para cuidar el cabello y también a la persona”.

La estilista se dio cuenta, especialmente después de la pandemia, de que muchos de sus clientes llegaban a su salón cansadas y buscando algo más que un servicio técnico: Todos necesitábamos un espacio donde parar, soltarnos y cuidarnos un poco más”, nos explica. Así, decidió crear un espacio aparte del trajín habitual del salón, donde pudiese unir salud capilar y bienestar y trabajar de forma más profunda y consciente. En su caso, lo hizo con el respaldo de su principal proveedor de productos: “La filosofía sensorial y el enfoque en el cuero cabelludo que proponen encajaron muy bien con esta idea, así que se convirtió en un aliado natural en este camino”, continua.

En su Hair Spa se ofrecen cinco tratamientos diferentes. El tratamiento se escoge en función de la necesidad del cliente, después de realizarle un diagnóstico capilar con microcámara. La experiencia se completa en una cabina aislada del resto, de inspiración marina (como sus tratamientos, basados en la talasoterapia) y, lo importante, con masajes relajantes, aromaterapia, cromoterapia y una cama especial con masaje y calor. El éxito del servicio, para Ordás, es tanto el tratamiento como el ratito de desconexión y autocuidado: “Los clientes lo agradecen muchísimo porque notan el cabello más sano y equilibrado, y salen más tranquilos, más ligeros. Al final, este espacio nos ha permitido ofrecer algo que creo que hoy es muy necesario: un momento para uno mismo, donde la belleza y el bienestar se acompañan”.

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Una evolución natural

Para Manuel Mon, propietario de Manuel Mon Estilistas, en Oviedo, la incorporación de un Spa Capilar a sus dos salones a principios del año pasado no ha sido solo una mejora de la cartera de servicios, sino una evolución natural.

“El sector exige cada vez más propuestas de valor que cuiden tanto la imagen como el bienestar emocional, y los clientes buscan lugares que les permitan dedicarse tiempo a sí mismos”, indica. Por lo tanto, invertir en este tipo de espacios responde a una tendencia clara: El cliente actual quiere sentirse bien, no solo verse bien. Además, en un mercado competitivo, apostar por la calidad de la experiencia es clave para diferenciarse y fidelizar”, defiende.

Para crear su spa, Mon también ha incorporado cabinas y estaciones dedicadas exclusivamente a esta zona, que garantizan intimidad y una experiencia inmersiva, y dispositivos profesionales para llevar a cabo los tratamientos personalizados y rituales sensoriales, como, por ejemplo, el famoso y viral head spa japonés. La acogida no ha podido ser más positiva: “Desde su lanzamiento, los servicios de Spa Capilar están siendo de los más solicitados en ambos salones”, asegura. Además, esto ha abierto otra vía de negocio: la demanda de bonos y tarjetas regalo, que ha crecido notablemente en sus salones.Cada vez más personas buscan regalar bienestar –rituales relajantes, tratamientos premium, experiencias capilares completas– en lugar de objetos materiales. Esta tendencia ha convertido los Spa Capilares de Manuel Mon en una opción perfecta para obsequios significativos y memorables”.

Transformar lo cotidiano

Como bien dicen ambos estilistas, y ya veníamos advirtiendo, incluir en los negocios y servicios de belleza propuestas que persigan ofrecer un mayor bienestar emocional –y físico– es una tendencia indudable. Como clientes, queremos sentirnos bien, dedicarnos tiempo de calidad y autocuidado, pero no disponemos de él, tenemos la agenda llena y vamos a todas partes con prisas. La solución, a nivel de negocio, es lógica: es muy probable que no dediquemos una tarde entera a relajarnos, ni que vayamos a un balneario un martes, pero si ya “tenemos que ir” a la peluquería a cortarnos el pelo, retocarnos el color o hacernos un tratamiento, seguro que sí podríamos invertir un poco más de tiempo por ese beneficio añadido tan gustoso.

Sin embargo, para Enrique Serrano, director artístico de Salón Gaudí (Bilbao) no hace falta hacer una reforma del salón ni traer nuevos equipos para subirse a este barco. Invertir no necesariamente implica un gran desembolso económico. “En nuestros salones llevamos años implantando rituales de bienestar que se integran de manera natural en la experiencia del cliente, especialmente en el momento del lavado de cabeza. Le damos un valor añadido a este paso, transformándolo en un pequeño ritual que ayuda a desconectar y a disfrutar del servicio”. Es decir, convertir lo cotidiano en algo único.

El objetivo, recalca Serrano, es que el cliente viva el lavado como una experiencia de relajación personalizada, no como un simple paso previo al servicio. Y para ello se necesita análisis y protocolización. “Dependiendo del producto que utilicemos para lavar realizamos una terapia u otra. Por ejemplo, si empleamos un champú calmante acompañamos el lavado con un masaje relajante y presiones suaves en puntos específicos del cuero cabelludo para reducir la tensión. Cuando utilizamos productos purificantes enfocamos el masaje en movimientos circulares más profundos para activar la microcirculación y favorecer la limpieza. Si el lavado es con productos nutritivos o hidratantes trabajamos con maniobras más lentas y envolventes, que potencian la absorción del producto y aportan una sensación de bienestar global”.

Estos rituales están incluidos en todos sus servicios habituales de corte, color y peinado, y no tienen un coste adicional, puesto que, para ellos “forman parte” de su manera de entender la atención al cliente. Serrano considera importante remarcar que “no es necesario disponer de un espacio específico tipo Hair Spa para ofrecer este tipo de rituales. Lo fundamental es la técnica, la personalización y el cuidado en la ejecución”. Con las maniobras adecuadas y la elección correcta de productos, concluye, “podemos ofrecer al cliente una experiencia de bienestar completa dentro del propio proceso de lavado”.