Carré, bixie, shag, capas y flequillos comparten protagonismo esta temporada, todos alejados de acabados rígidos, mientras el color apuesta por una dimensión más natural, con tonos que se funden con la base sin contrastes excesivos.
Así lo resume Ana Martínez, estilista capilar y Education Manager de Oh my Cut!, que lleva varias temporadas viendo consolidarse un cambio de perspectiva hacia una belleza más natural: «Todos los tipos de textura son bienvenidos. Ya no hablamos únicamente de cabellos lisos, ondulados o rizados, sino que los cabellos afro y las texturas más naturales tienen cada vez más presencia en campañas, colecciones y editoriales».
El punto en común: naturalidad por encima de estructura
«El punto en común entre todas estas texturas es la naturalidad. Se buscan cabellos que fluyan por sí solos, con movimiento, sin que parezcan excesivamente trabajados o estructurados. La idea es potenciar la textura natural de cada cabello y conseguir un resultado bonito, pero que parezca fácil y sin esfuerzo», señala la estilista. El objetivo no es transformar por completo la textura de la clienta, sino conseguir que el corte la acompañe — una premisa útil a la hora de plantear el cambio de look en el salón. En color, la filosofía es similar: «Los tonos buscan estar bien integrados con la base, sin contrastes demasiado marcados. Se llevan los colores que se funden entre sí, creando pequeños efectos de relieve, dimensión y luminosidad. El resultado debe ser sutil, armónico y, sobre todo, natural».
Carré, bixie y shag: los cortes que siguen en primera línea
El carré mantiene su posición como una de las opciones más versátiles: «Son cortes muy versátiles y atemporales que podemos adaptar prácticamente a cualquier estilo. Ya sea con o sin flequillo, más rectos, con una ligera graduación o con acabados algo más degradados», explica la experta. El bixie, a medio camino entre el pixie y el bob, se abre paso también en texturas muy rizadas e incluso afro, «demostrando que este tipo de cortes no están limitados a cabellos lisos». El shag, por su parte, sigue apostando por capas y movimiento, con versiones que van «desde propuestas más marcadas hasta interpretaciones mucho más suaves y fáciles de llevar». En cuanto a las capas en general, la clave está en la colocación estratégica: «no significa que tengamos que hacer capas muy extremas, sino que la clave estará en colocarlas estratégicamente para conseguir movimiento sin perder densidad».
Un corte distinto para cada tipo de cabello
Para el profesional, la tendencia funciona como punto de partida, no como plantilla fija. En cabello fino, la prioridad es no perder densidad visual: «podemos adaptar prácticamente cualquiera de estas tendencias, pero debemos llevarlas a versiones más suaves. Es importante no texturizar demasiado el cabello, ya que podemos perder densidad visual». Aquí el carré funciona especialmente bien «porque mantienen una línea compacta y aportan sensación de mayor cantidad», mientras que el shag conviene trabajarlo «en una versión más soft, controlando muy bien dónde colocamos las capas». En cabello rizado, el objetivo es respetar la forma natural: «funcionan bien los bob porque permiten potenciar la forma natural del rizo, pero también el bixie se adapta muy bien a estas texturas, aportando movimiento y personalidad». Y en melenas largas, las capas permiten actualizar el look sin sacrificar longitud: «van a ser importantes para evitar que el cabello quede demasiado pesado. Podemos crear movimiento alrededor del rostro y trabajar capas que acompañen la textura natural sin perder la sensación de longitud».
Flequillos que enmarcan el rostro
El flequillo gana protagonismo en versiones muy distintas: «Vamos a ver flequillos cortos, por encima de la ceja, muchas veces abiertos y con movimiento, que ayudan a enmarcar el rostro y a abrir visualmente la mirada», además de propuestas «con textura y movimiento natural, alejándonos de acabados demasiado rígidos o perfectamente estructurados». Entre las opciones más versátiles a la hora de aconsejar, los flequillos cortina y mariposa siguen destacando: «permiten jugar con la longitud y evolucionan muy bien a medida que crecen», una ventaja a tener en cuenta con clientas que no quieren un cambio demasiado comprometido.
Cómo elegir una tendencia que no pase de moda
De cara a asesorar a la clienta, conviene tener presente que las versiones más extremas de una tendencia son también las que antes se quedan desactualizadas. La alternativa pasa por incorporar pequeños detalles — una textura concreta, un flequillo, la forma de las capas o el acabado del peinado — sin necesidad de convertir el cabello en una reproducción literal de la tendencia. El resultado final depende de cómo se adapte a cada persona, «teniendo en cuenta su rostro, su textura, su densidad, su estilo y, sobre todo, cómo quiere llevar su cabello en su día a día». Como resume la propia estilista, «la tendencia cambia, pero un buen corte, bien adaptado a la persona, siempre funciona».









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