Siliconas para el pelo: cuándo sí, cuándo no

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Durante años, las siliconas han sido uno de los ingredientes más polémicos en el mundo de la cosmética capilar. Acusadas de “asfixiar” el cabello o crear una falsa sensación de salud, muchas personas han optado por evitarlas a toda costa.

Pero, ¿están realmente justificadas esas sospechas? ¿O estamos ante otro caso de mala fama injustificada? La respuesta, como casi siempre en cosmética, depende. Depende del tipo de silicona, del tipo de cabello y del uso que se les dé. Y por eso hemos consultado a distintos profesionales del sector para desmitificar y entender a fondo qué papel juegan en la salud capilar.

¿Qué son las siliconas capilares y cuántos tipos existen?

Las siliconas son ingredientes sintéticos derivados del silicio que se utilizan en productos capilares para aportar brillo, suavidad, facilitar el peinado y proteger la fibra del calor. Sin embargo, no todas las siliconas son iguales. Se pueden clasificar en tres grandes grupos:

  • Volátiles: son siliconas ligeras que se evaporan tras su aplicación, por lo que no dejan residuo en el cabello. Se usan habitualmente en sérums o protectores térmicos.
  • Solubles: pueden disolverse en agua o en aceite. Las solubles en agua se eliminan fácilmente con el lavado, mientras que las solubles en aceite son más eficaces para sellar puntas o controlar el frizz sin aportar grasa.
  • No solubles: no se eliminan con agua y requieren champús específicos (con sulfatos o clarificantes) para retirarse. Son las que más controversia han generado, ya que, si se acumulan, pueden alterar el equilibrio del cuero cabelludo o dificultar la penetración de otros tratamientos.

Tal como explica Javier Ventoso, peluquero especializado en formación técnica, “las volátiles son ligeras, se evaporan y no dejan residuo. Las solubles pueden ir en agua o aceite y son útiles para dar brillo sin engrasar. Las no solubles duran más, controlan el frizz, pero si se abusa pueden acumularse”.

Beneficios reales de las siliconas: ¿mejoran o perjudican el cabello?

Aunque no reparan el cabello desde dentro, las siliconas pueden tener un impacto muy positivo en su aspecto y manejabilidad. Utilizadas de forma adecuada, ayudan a sellar la cutícula capilar, reducir el encrespamiento y la porosidad, aportar brillo inmediato, facilitar el desenredado y proteger del calor de herramientas térmicas.

Ventoso insiste en que una silicona bien formulada “no cura el cabello, pero lo deja más suave y brillante, y mejora mucho el aspecto sin perjudicar”. En su trabajo diario, suele elegir siliconas de bajo peso molecular combinadas con volátiles para tratar cabellos porosos o con frizz, ya que “funcionan muy bien y no apelmazan”.

En esa misma línea, la farmacéutica Regina Pallás, directora de I+D+i de HD Cosmetic Efficiency, recuerda que “algunos ingredientes que tienen mala fama pueden aportar beneficios concretos, como una limpieza eficaz o un acabado sedoso y manejable”. En su opinión, lo más importante es que la fórmula esté bien desarrollada y tenga respaldo técnico.

En resumen, en muchos casos ayudan a:

✔ Sellar la cutícula capilar, reduciendo el encrespamiento y la porosidad

✔ Aportar brillo y suavidad inmediata

✔ Facilitar el desenredado

✔ Proteger del calor de planchas, secadores o tenacillas

Cuidados especiales: coloraciones, queratinas y cuero cabelludo sensible

Un aspecto importante que muchos clientes desconocen es la interacción de las siliconas con tratamientos técnicos como la coloración, la keratina o los alisados. Antes de aplicar cualquier proceso químico, Ventoso recomienda lavar bien con un champú clarificante, ya que “las siliconas, sobre todo las no solubles, pueden hacer que el tratamiento no penetre bien y el resultado no sea el esperado”.

Por otro lado, si el cuero cabelludo es sensible, graso o presenta hiperhidrosis (sudoración excesiva), conviene extremar precauciones.

La doctora Orozco, del equipo médico de Hospital Capilar, advierte que “en casos de hiperhidrosis se recomienda evitar productos que puedan obstruir los poros o alterar el equilibrio del cuero cabelludo”. En concreto, aconseja no utilizar ceras, pomadas, aceites densos ni siliconas pesadas, y apostar en su lugar por champús seborreguladores, ligeros y con pH neutro, especialmente formulados para cueros cabelludos sensibles.

Siliconas postverano: ¿aliadas o enemigas?

Tras el verano, el cabello suele llegar deshidratado, con las puntas abiertas y menos manejable. En ese contexto, las siliconas —especialmente las volátiles en formato sérum— pueden ser aliadas valiosas. Aplicadas en cantidades pequeñas, ayudan a crear una película hidrofóbica que protege la fibra capilar del agua salada, el cloro y la pérdida de hidratación provocada por el sol.

Desde el Instituto Médico Ricart, la doctora Gómez recomienda “retomar cuanto antes las rutinas capilares, sobre todo las de hidratación de la fibra”. En su opinión, si las puntas ya presentan numerosos puntos de fractura, lo ideal es cortarlas. Y como parte de la rutina de protección, aconseja aplicar aceites específicos como argán, jojoba o siliconas volátiles, ya que “crean una barrera que minimiza la deshidratación solar y protege frente a agresiones externas”.

Entonces… ¿cuándo usar siliconas y cuándo evitarlas?

El papel del marketing y la desinformación

Parte del rechazo hacia las siliconas se debe a una tendencia que ha ganado fuerza en los últimos años: los productos “sin”. “Sin siliconas”, “sin sulfatos”, “sin alcohol”… Estas etiquetas pueden crear la sensación de que lo que se elimina es dañino por defecto, cuando en realidad no siempre es así.

Pallás lo resume claramente: “Los productos ‘sin’ pueden responder a sensibilidades o preferencias personales, pero no necesariamente son mejores o más seguros. Hay ingredientes tradicionales con una larga trayectoria de uso y seguridad”.

Además, recuerda que todo cosmético comercializado en Europa ha superado controles rigurosos: “Muchos ingredientes que a veces reciben críticas han sido evaluados y aprobados por organismos como la Unión Europea, que aplica criterios muy estrictos de seguridad”.

Por ende, dependerá de cada caso concreto, de cada tipo de silicona y de lo que queremos conseguir.

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Diagnóstico personalizado

La clave está en el diagnóstico personalizado. Las siliconas no son malas ni buenas por sí mismas. Su eficacia (o problema) radica en cómo se usen:

Sí conviene usarlas si…

  • El cabello está seco, dañado, poroso o con frizz
  • Se busca protección frente al calor o agentes externos
  • Se usan de forma puntual como “acabado” o para peinar

🚫 Conviene evitarlas si…

  • El cabello es muy fino o con tendencia grasa
  • Hay problemas de cuero cabelludo sensible o sudoración excesiva
  • Se va a realizar un tratamiento técnico (color, alisado, keratina)

Preguntas frecuentes sobre las siliconas en el cabello

¿Las siliconas taponan el cuero cabelludo?

Solo las siliconas no solubles en exceso y mal retiradas pueden llegar a acumularse. Usadas con moderación y con una buena higiene, no deberían causar problemas.

¿Los productos sin siliconas son siempre mejores?

No necesariamente. Pueden ser preferibles en algunos casos, pero lo más importante es la calidad de la fórmula y que esté adaptada a las necesidades del cabello.

¿Cómo saber si un producto tiene siliconas pesadas?

Busca en el INCI ingredientes como dimethicone, amodimethicone o trimethicone. Si no van acompañados de tensioactivos suaves, probablemente sean más difíciles de eliminar.

¿Se pueden combinar siliconas con aceites naturales?

Sí, de hecho muchas fórmulas lo hacen. Aceites como argán o jojoba, combinados con siliconas volátiles, aportan brillo y protección sin apelmazar.

¿Las siliconas afectan al color del tinte?

Pueden interferir si están acumuladas en la fibra. Por eso se recomienda lavar bien con un champú clarificante antes de cualquier tratamiento técnico.

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