Celebridades: de la alfombra roja al asfalto

Celebridades: de la alfombra roja al asfalto

Por Gonzalo Zarauza.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, una celebridad es una “persona famosa”. Ahora, si buscamos famoso/a, veremos que existen varias acepciones, entre ellas, “ampliamente conocido” y “muy conocido y admirado por su excelencia”. Ambas definiciones tienen algo en común: se refieren a algo o a alguien que es conocido. Sin embargo, no es suficiente con ser conocido para convertirse en una celebridad: serlo significa alcanzar el máximo estatus dentro del mundo de la fama.

La fama, por cierto,puede llegar de distintas maneras, ya sea por pertenecer a la industria del espectáculo, por ser un destacado deportista, por haber participado en algún programa de televisión con gran audiencia o por haber realizado una hazaña. Pero para dar el salto y ser una verdadera celebridad debe existir un interés público en la vida personal, es decir, estar frecuentemente “en el ojo del huracán”.

De la celebridad al influencer

Así, tenemos celebridades como Charles Chaplin, el famoso actor y director, pionero del cine mudo; Salvador Dalí, el excéntrico artista, icono del movimiento surrealista; Marilyn Monroe o Angelina Jolie, grandes mitos y símbolos sexuales de nuestros tiempos, y Madonna o Elvis, el legendario y mítico cantante de rock and roll. De ellos se hablaba en la tele, en las noticias, en los diarios… No había internet, pero tampoco era necesario: todo el mundo hablaba de sus carreras, de sus éxitos y, especialmente, de sus vidas. Podían provenir del arte, las ciencias, la moda… No importaba. Eran perseguidos, imitados, admirados.

Pasó el tiempo y, como todo, las cosas fueron cambiando. De estas celebridades que veíamos en la gran pantalla y que todos admirábamos por su porte y estilo, pasamos a la virtualidad, al mundo online. Poco a poco, llegaron las estrellas de internet o influencers, personas que saltaron a la fama por sus blogs, sus canales de YouTube, entre otras plataformas digitales mediante las cuales alcanzaron una gran popularidad en todo el mundo.


Ahora, en medio de una pandemia que tiene al mundo atemorizado, han salido a la luz unas celebridades que siempre han estado ahí. Se trata de las celebridades de a pie, las auténticas, las que no nos hacen soñar con una vida mejor, sino que nos devuelven a la vida.


Aunque algunos han obtenido reconocimiento por su talento, otros se volvieron importantes al empezar a sumar seguidores mientras se dedicaban a convertirse en “gurús” en temas tan diferentes como la cocina, los deportes y, sobre todo, la moda. Tal es el caso de Yuya, en el campo de la belleza; El Rubius, en el mundo de los videojuegos, y Chiara Ferragni, en el área de la moda y el lifestyle.

Que triunfe el ser

La forma en que estas personas se volvieron reconocidas de la noche a la mañana solo es una muestra de que vivimos en una sociedad líquida, como bien definió el brillante filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman al mundo superficial, demandante y agotador en el que vivimos. Todos los contenidos se consumen y se comparten muy rápido, sin dejar lugar al análisis y la reflexión. Lo que prima es lo inmediato, lo cambiante, lo efímero, quizá buscando el frío aplauso de un ¨me gusta”.

Ahora, en medio de una pandemia que tiene al mundo atemorizado, han salido a la luz unas celebridades que siempre han estado ahí. Es ahora cuando están obteniendo el reconocimiento que merecen. Se trata de las celebridades de a pie (las que pisan asfalto en lugar de alfombra roja), las auténticas, las que no nos hacen soñar con una vida mejor, sino que nos devuelven a la vida. Médicos, personal sanitario, conductores, trabajadores en supermercados y farmacias, limpiadores, voluntarios, vecinos solidarios y otros más que, en esta difícil lucha contra el coronavirus, nos hacen la vida más llevadera y nos recuerdan que lo importante es volver a lo esencial, a estar unidos y valorar cada instante.

Me pregunto quiénes serán las nuevas celebridades una vez todo vuelva a la normalidad. ¿Será que volveremos a esa sociedad líquida que se alimenta de lo superficial? O bien, ¿“resetearemos” para dar por finalizada la era de lo banal y del consumismo desenfrenado? Estoy deseando ver si la cultura del ser ha triunfado sobre la del parecer. Una situación como esta debería hacernos pensar y ver con más respeto la vida y todo lo que nos rodea. El mundo cambia, los valores también y, al menos, los míos, ya están cambiando.

Por Gonzalo Zarauza.

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