EL COLOR un arma de doble filo Un artículo de Gonzalo Zarauza

11 diciembre, 2015
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El color lo inunda todo, estamos sumergidos en un mundo de colores que llena nuestras vidas. Esta circunstancia hace que lo percibamos como algo muy cercano y natural, olvidándonos de su gran complejidad y de los siglos que el hombre tardó en comprenderlo y encontrarle una explicación científica.

Los expertos están de acuerdo en afirmar que los colores producen reacciones en las personas. Desde el punto de vista fisiológico, es de todos conocido que algunos verdes ejercen un efecto calmante, que las tonalidades amarillas se relacionan con el sol y la luz y que el rojo lo asociamos al fuego, a la pasión y al peligro y que, en ocasiones, eleva la presión sanguínea, produciendo excitación y alegría.

La educación y el entorno cultural tienen mucho que ver con el uso de los colores. Por ejemplo, en occidente el negro se utiliza para el luto, mientras que en Japón es el blanco. El uso del color también tiene mucho que ver con las supersticiones y manías de las personas. ¿Quién no ha oído hablar de lo gafe que puede ser el amarillo? ¿O de la suerte que puede producir tal o cual color por el mero hecho de que lo relacionamos con alguna ocasión especial o porque, a nuestro entender, nos favorecen y, al vernos bien, nos sentimos mejor y más seguros de nosotros mismos?

est(Fotos: Gonzalo Zarauza)

Los colores que nos definen En este artículo vamos a tratar únicamente del efecto de los colores bajo la perspectiva de la estética y la belleza. En la actualidad, conocer qué colores debemos utilizar es tan importante como definir el estilo personal y el tipo de vestuario que mejor nos sienta en función de nuestra tipología corporal. Esto tiene que ver con que, a diferente tonalidad de piel, ojos y cabellos, es conveniente utilizar unos colores específicos, lo que no significa caer en el aburrimiento y la monotonía de utilizar siempre los mismos. Hay que ser conscientes de cuáles son los colores que potencian características positivas, los que destacan nuestras cualidades y aportan luminosidad al rostro. En definitiva, los colores que más nos favorecen y que, a su vez, nos ayudan a conseguir nuestros objetivos.

Lo que es indiscutible es el fuerte impacto que el color produce en la imagen. Las personas no somos neutras, tenemos multitud de colores propios, es decir, colores personales que nos caracterizan a cada uno de nosotros de forma particular. El color de nuestro cabello, el de los ojos y las diferentes tonalidades de la piel del rostro interactúan con los colores que añadimos por medio del vestuario, el maquillaje o los complementos. Precisamente es en esta interacción en la que se basan los “test del color” que utilizamos los asesores de imagen. El resultado de estos test nos proporciona una selección de colores y tonalidades a los que denomino “colores estrella” porque favorecen muchísimo, aumentan la autoestima y mejoran la percepción, tanto de uno mismo como de los demás.

Si el color del maquillaje, del vestuario y los complementos es importante, la elección del color del cabello adquiere máxima relevancia, ya que va con nosotros constantemente, acompañándonos en todas las situaciones del día a día, tanto en el plano laboral como en el social. No nos olvidemos de que el cabello es el elemento que más marca la imagen personal.

Desde estas líneas animo a todos los compañeros de profesión a formarse como asesores de belleza y, por consiguiente, expertos en el asesoramiento del color. Los test del color de vestuario y de cabello se basan en determinar la tipología cromática del cliente en función de sus colores personales: piel, ojos y cabello. En este sentido, un cambio de color en el cabello nos permite pasar de una tipología a otra, en función de los gustos y necesidades del cliente.

. Cuando encontramos y aplicamos los mejores colores, los que llamamos “estrella”, el resultado es:

– Una piel más luminosa y una mejora en la apariencia del cutis.

– Unos ojos brillantes con luz propia y una mirada espectacular.

– Un cabello que se integra perfectamente en la imagen y adquiere vida propia.

– Las imperfecciones del rostro se suavizan, disimulando las arrugas y las ojeras.

– Un rejuvenecimiento general del aspecto y un aumento de la autoestima.

. Si por el contrario, el color seleccionado no es el adecuado, el resultado será:

– Una piel más pálida y cetrina. Efecto “mala cara”.

– Un protagonismo de las imperfecciones del rostro.

– Un cabello más pobre y desvitalizado con el agravante de que, si es muy llamativo, anulará la belleza del rostro.

– Una apariencia enfermiza y envejecida.

as((Fotos: Gonzalo Zarauza)

El color es “un arma de doble filo”, pero tus clientes confían en ti. ¡Ayúdales a encontrar sus colores estrella!

 

(Un artículo de Gonzalo Zarauza, Asesor de Imagen, estilista y director del Centro Beta.)

 

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