Raffel Pages y L'Oréal Productos Profesionales colaboran en la exposición "Historias de Tocador. Cosmética y belleza en la antiguedad"

22 enero, 2013
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Arreglarse, peinarse, cuidar la higiene corporal, escoger el perfume que te gusta y con el que identificas, son cosas que hacemos habitualmente. Ir al gimnasio, a la peluquería o a un centro estético son pequeños lujos que de tanto en tanto nos permitimos y nos ayudan a sentirnos a gusto con nuestro cuerpo y la imagen que proyectamos a los demás. Sin embargo, aunque parezca que estamos hablando de preocupaciones muy actuales, nada de esto es nuevo.

 

Desde la antigüedad, hombres y mujeres han tratado de mejorar su aspecto personal, utilizando todos los recursos que la naturaleza les proporcionaba. El uso de cosméticos y de aceites perfumados, de tintes o mascarillas, de postizos y pelucas, viene de tiempos lejanos. Ahora, estos secretos se desvelan en una exposición de producción propia: Historias de tocador. Cosmética y belleza en la antigüedad

 

Historias de tocador pretende mostrar cómo el cuidado del aspecto personal es algo común en todas las épocas e invitar al visitante a establecer lazos con la antigüedad mediante los pequeños gestos cotidianos relacionados con la belleza y en los que todos nos reconocemos. La exposición se divide en cuatro ámbitos: El cuidado del cuerpo, Ungüentos y perfumes, El cabello y Últimos retoques. La representación de un centauro con cola de pez preside la entrada a la exposición; el fragmento de un mosaico que decoraba el pavimento de una de las termas de Barcino, la Barcelona romana.

 

El espacio, diseñado por el escenógrafo Ignasi Cristià, es una invitación a viajar, a descubrir el concepto de la belleza en la antigüedad y las técnicas cosméticas que se utilizaron para lograr la belleza física del cuerpo humano, que nos transcenderá a aquello más espiritual.

 

La mirada constante al pasado y la vuelta al presente es un concepto que encontramos en el guión expositivo y que, en el espacio museográfico, se materializa a través de un juego de transparencias; un juego visual que nos permite contemplar el ideal de belleza de una época pasada con el ideal de belleza contemporáneo que, a su vez, nos permite entender de donde venimos para descubrir que nuestros cánones son similares a los de época clásica.

 

La exposición inicia su recorrido con el cuidado del cuerpo. Un espacio central insinúa unas termas romanas, presenta a la mujer y al hombre a través de dos esculturas clásicas. En el centro, el mosaico de las Tres Gracias, hallado en Barcelona y una de las mejores piezas conservadas en el MAC. Representa las tres divinidades que formaban parte del séquito de Afrodita, la diosa del Amor. Simbolizaban la Belleza, la Castidad y el Entusiasmo; una representación muy utilizada por los artistas a lo largo del tiempo. Un espejo flotando en medio de la sala refleja las tres figuras mitológicas, descubriéndose derechas en este espacio virtual. Así, transcendemos de la idea de aquello que hay de bello en el cuerpo masculino y en el cuerpo femenino, para descubrir el ideal de belleza en un espacio inexistente –cuya ventana es el espejo- simbolizado por las tres gracias.

 

La disposición del espacio, sin embargo, no termina con este descubrimiento de lo terrenal versus lo trascendental que reside en el mundo de la idealización. Presidiendo la exposición, como eje vertebrador de la misma, se dispone la testa femenina conocida como Dama Flavia, la imagen de la exposición. Su disposición sitúa al personaje romano en una tesitura casi sagrada, convirtiendo el concepto de belleza en un concepto de evolución humana que lo sitúa en otra dimensión. Su reproducción a gran escala, justo detrás, se convierte en una ventana al presente que, con una visión por transparencia de un ideal de belleza contemporáneo, nos hace tomar consciencia de que somos herederos de su belleza. La Dama, datada en el último cuarto del siglo I d.C., sigue fielmente el vistoso peinado que puso de moda Flavia Julia, hija de Tito, en la Roma imperial. Un peinado que ahora, un peluquero experto es capaz de reproducir. Y justamente esto es lo que ha hecho Xeska Forne, directora del equipo creativo de Raffel Pages, en una peluca inspirada en el peinado de la Dama Flavia, y que ahora exponemos al lado de la pieza original.

 

Posiblemente, también llamará la atención de los visitantes la escultura púnica con un piercing del siglo IV-III a.C., y un doble ungüentario que conserva en su interior restos del cosmético que contenía y de la espátula que se utilizaba para extraerlo. El producto, analizado en los laboratorios de la Universidad Autónoma de Barcelona, es una mezcla de productos minerales -la base típica de cosméticos como el köhl, que todavía se utiliza ahora maquillar los ojos-, y de elementos orgánicos como extractos de plantas, pigmentos y grasas animales. 

Siempre con el objetivo de establecer vínculos con el visitante y su cotidianeidad, la exposición establece paralelismos modernos con elementos reconocibles como un tocador modernista, una escena de baño de principios del s. XX, el típico rótulo de las barberías de finales del s. XIX, o una magnífica colección de frascos de perfume diseñados por el maestro vidriero René Jules Lalique.

 

Historias de tocador muestra también a los visitantes algunos detalles curiosos, como el hecho de que los antiguos no conocían el jabón sólido, que depilarse era un hábito para hombres y mujeres, y que teñirse el cabello era muy habitual. Además, el público que visite la exposición podrá también tomar nota de algunas recetas de mascarillas que utilizaban las damas griegas para embellecer la cara o eliminar la caspa.

 

Històries de tocador, comisariada por Teresa Carreras, ha contado con la colaboración del Museo de la Peluquería Raffel Pages y del Museo del Perfume– Fundación Júlia Bonet de Andorra. Ambos museos han cedido piezas para la exposición y participarán activamente en la organización de las actividades de difusión y promoción, paralelas a la exposición.

 

HISTORIAS DE TOCADOR. Cosmética y belleza en la antigüedad se podrá visitar en la sede de Barcelona del Museu d’Arqueologia de Catalunya (Paseo Santa Madrona, 39. Tel. 93 4246577 | 93 4232149 | www.mac.cat) del 20 de diciembre de 2012 al 17 de junio de 2013. Horarios: Martes-sábado 9,30 a 19h, Domingos y festivos 10,30-14,30h, Lunes cerrado. Precio incluido en la entrada al Museo: 3 €, menores de 16 años y mayores de 65, gratuito. Entrada gratuita el último domingo de cada mes.

 

 

Revista Coiffure

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