GRANDES MAESTROS – RAFFEL PAGÈS: “DONDE EL PELUQUERO SE GANA LA VIDA ES EN LOS SALONES”

20 septiembre, 2017
Entrevistas - Portada
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Josep Pons habla en esta edición de Grandes Maestros con Raffel Pagès, un nombre que ya es sinónimo de éxito. Un amante de la cultura en todas sus vertientes, que ha dedicado su visión, conocimiento, técnica, creatividad y habilidad a mejorar el sector de la peluquería y a elevarlo en el mundo de las artes.

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La carrera profesional de Raffel Pagès es admirable a todas luces. Los que le conocemos desde sus inicios hemos podido comprobar un crecimiento excepcional. Yo conocí a Raffel en Barcelona, pero fue en París, en los festivales de la capital francesa, donde sostuvimos nuestra primera y prolongada conversación. Enseguida percibí la imagen de un hombre culto, educado e inteligente. Desde el primer momento la afinidad fue evidente. Posteriormente, hemos compartido encuentros, comidas y certámenes en mu- chas ocasiones. Incluso he tenido el placer de presentar una de sus galas, donde comprobé su gran capacidad y sentido artístico, así como sus grandes dotes para dirigir equipos.

Este enorme profesional se formó en París, con las inolvidables hermanas Carita –mejores referentes, imposible–. Allí se impregnó de la atmósfera sin igual de la capital de la moda y del glamour. Su éxito actual es del todo merecido. Trabajador, incansable, constante, de vida sana. En definitiva, Raffel es un hombre equilibrado, lo que ha sido fundamental para llegar en plena forma a su edad. Claro que, personalmente, creo que la edad no importa si se tiene salud e ilusión (conozco jóvenes de 80 años y viejos de 30 años).

Sin dejar al margen su talento artístico, ha tenido claro en todo momento su orientación comercial. Gracias a ello, ha podido crear una de las primeras cadenas de salones de peluquería. Actualmente son 85 salones los que tiene la firma. Raffel dice llevar en la sangre el ADN de L’Oréal, firma de la que es embajador. Según él, las claves de su éxito son invertir, investigar, intuir e innovar. Estudioso e investigador, define la profesión como el oficio de los diálogos y los silencios: “La profesión no solo se hace con las manos, sino con los sentidos y emociones que genere cualquier persona. Peinamos almas”. Definición con la que coincido plenamente.

De Raffel destacaría su intuición, constancia y don para las relaciones personales (siempre he dicho que es el 50% del éxito de un profesional de la peluquería). Si a ello le unimos su enorme creatividad para dibujar, pintar, esculpir o realizar un peinado, es difícil que con estos ingredientes no obtuviera un enorme éxito.

Para finalizar, cabe citar que su Museo de la Historia de la Peluquería es considerado el más importante a nivel mundial. Esta es una aportación de la que todos los amigos y profesionales nos sentimos orgullosos, sobre todo, porque es un hombre sano, honesto y un buen amigo.


Josep Pons: ¿Cómo te definirías?

Raffel Pagès: Como un creativo más que como un peluquero, pero tuve muy en cuenta desde el primer momento la peluquería comercial y emocional que aprendí en París. JP: ¿Satisfecho con tu carrera profesional? ¿Cambiarías algo? RP: La historia nos enseña que hay que dar golpes de timón y corregir. Evidentemente, siempre y cuando queramos mejorar, se aprende de los errores. Sobre todo diría que en la parte organizativa de la profesión, depender de los gestores es el elemento más complejo. Y, como todos sabemos, ha sido la tumba de grandes creativos, no solo del mundo de la peluquería, sino de la moda en general.

JP: ¿Cual es tu código de valores por orden de importancia?

RP: Invertir, investigar, intuir e innovar.

JP: ¿Qué tipo de vida haces para mantenerte en forma y poder trabajar tanto?

RP: Vida normal, muy familiar y sin excesos de ningún tipo. No como en abundancia, no bebo, fumo muy poco y, sobre todo, ando muchísimo. Me encanta dar prolongados paseos en contacto con la naturaleza.

“Creo que se debería valorar más la creatividad, la profesionalidad y un servicio de máximo nivel”.

Raffel Pagès.

Raffel Pagès.

JP: ¿Como definirías tu filosofía de vida?

RP: Una filosofía casi espartana, austera. Disfruto de los pequeños placeres, no necesito grandezas para sentirme bien.

JP: ¿Y tu filosofía profesional?

RP: La peluquería comercial, sin fantasías, nada de egolatrías y de aspectos en los cuales no exista una realidad comercial. Donde realmente el peluquero se gana la vida es en los salones y muchas veces se olvida. ¡La vanidad ya la superé a mis 40 años!

JP: ¿Cómo te inspiras?

RP: En el ARTE, con mayúsculas. Lo llevo dentro desde que estuve en París. La cultura, la pintura, la escultura y la calle me inspiran.

JP: ¿Cómo te sientes profesionalmente?

RP: Casi realizado, con una vida familiar sencilla y normal que me hace sentir bien.

JP: ¿Qué factor destacarías de tu brillante carrera?

RP: La tenacidad. He luchado mucho, he hecho miles de kilómetros. He recibido propuestas para realizar galas en Italia y por la noche, después de jornadas agotadoras, cogía el coche para volver (porque no viajaba en avión). Trabajé en más de 200 galas hasta que me hice un nombre que posibilitó cobrar un caché. Fue sembrar para recoger, algo que lamentablemente no se produce actualmente.

JP: ¿Alguien que te haya ayudado especialmente?

RP: Alberto Cebado, Llongueras, Maniatis, Carita, Alexandre, Antoine y evidentemente la Alta Coiffure han sido fundamentalmente mis referentes profesionales. La verdadera ayuda me la ofreció solo Rosy Carita.

JP: ¿Crees que le has sacado el partido deseado a tu profesión?

RP: Me siento autorealizado en mi carrera profesional.

JP: ¿Cuáles son tus proyectos inmediatos?

RP: Los de la empresa: crecer y ampliar la compañía pese a las dificultades. En la mentalidad laboral, lamentable- mente, existe una carencia de la cultura del esfuerzo y, además, las pymes y los autónomos sufren muchos inconvenientes de todo tipo, se les ponen demasiadas trabas. Ojalá pudiéramos volver a la época de los 70 ó los 80, donde los ayudantes y los oficiales nos quedábamos después de cerrar, tres días a la semana, para entrenar, practicar y estudiar. Esto actualmente es inviable.

JP: En tu infancia, ¿qué querías ser?

RP: Médico y después cirujano, sin duda. De aquí viene mi inquietud cultural y de mejora constante. Creo que el problema de la profesión es la carencia general, salvo excepciones, de una gran formación cultural. Siempre digo que una carrera es solo estudiar y estudiar, leer mucho. Para convertirte en un gran peluquero es igual de importante.

JP: ¿Crees que la peluquería está suficientemente valorada?

RP: En unos aspectos sí, en otros no. Por ejemplo, creo que se debería valorar más la creatividad, la profesionalidad y un servicio de máximo nivel. A parte de esto, creo que comercialmente también nosotros podemos desarrollar un crecimiento del negocio creando la propia marca, que es uno de mis próximos retos.

“Trabajé en más de 200 galas hasta que me hice un nombre que posibilitó cobrar un caché”.

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Raffel Pagès.

JP: ¿Qué opinas de la peluquería low cost?

RP: Existe debido a unas circunstancias que no permiten ofrecer un servicio que se haga valorar adecuadamente. No obstante, también entiendo que desarrollan una labor social. Hay personas en el paro, sin medios económicos, que no tendrían otra opción para ir a la peluquería.

JP: ¿Algún temor personal y profesional?

RP: Bueno, la sociedad actual tiene unos aspectos preocupantes. Vemos que personas que tendrían que demostrar sentido común, evitar crispación y enfrentamientos no lo hacen, no demuestran tener la responsabilidad que su cargo les exige. No hago este comentario en base a unos o a otros, porque puede haber separatistas, pero también hay separadores en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Es una cuestión de conjunto, de actitud. Me gustaría que se impusiera el sentido común, esa capacidad de gestión que se demostró en las Olimpiadas del 92, la mejor Olimpiada el mundo. Creo que puso a España y a Barcelona en el mapa y que consiguió las mejores infraestructuras para la ciudad, algo realmente impagable, sin atisbos de corrupción a pesar de las enormes inversiones. Si pudiéramos recuperar ese espíritu en España, seríamos uno de los mejores países, con el máximo potencial.

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Revista Coiffure

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