EL ÓRGANO CUTÁNEO

25 marzo, 2019
Análisis - Noticias - Portada
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Piel  y emulsión epicutánea

El profesional de la belleza debe estar bien formado y conocer en profundidad los productos más convenientes para llevar a cabo un tratamiento de prevención y solución de las distintas afecciones dermotricológicas que a diario aparecen en sus salones. Por eso inauguramos esta sección “En detalle”, de la mano de los profesionales de Laboratorios Kapyderm, para repasar conceptos e información muy relevante que, como profesional, debes manejar a la perfección, y ayudarte a permanecer siempre al día, formándote y aprendiendo con nosotros.

Por Paloma García Mediero
Licenciada en Farmacia
Formadora de tratamientos capilares estético


La piel es la cubierta externa del cuerpo humano y uno de los órganos más importantes, tanto por su tamaño –tiene una superficie de 2m2 aproximadamente y un peso de unos 4 kg–, como por sus funciones. Podemos decir que la piel se divide en tres partes, completamente diferenciadas entre sí, desde el punto de vista anatómico y funcional. Estas tres partes son: la epidermis, dermis e hipodermis. En este artículo vamos a hablar detenidamente de cada una de ellas.

La epidermis

La epidermis es un epitelio plano estratificado, queratinizado y avascular, que cubre la totalidad de la superficie corporal siendo su función principal la protectora. Es la capa de la piel con mayor número de células (queratinocitos en su mayoría) y con una dinámica de recambio extraordinariamente grande, ya las células superficiales deben ser continuamente sustituidas por descamación y replicación equilibrada. Presenta un espesor variable, con valor medio de 0,1mm, aunque en las palmas de las manos y plantas de los pies puede alcanzar espesores hasta 1 o 2 mm.

La epidermis está dividida, a su vez, en capas en las que podemos encontrar distintos tipos celulares: queratinocitos (90%), melanocitos (5%), células de Merkel (0,1%) y las células de Langerhans (3-5%).

El estrato basal, o capa más interna de la epidermis, es la capa donde ocurre la replicación de los queratinocitos que sufrirán un proceso de maduración hasta convertirse en corneocitos. En esta capa, además de los queratinocitos basales con capacidad de dividirse, se encuentran también los melanocitos responsables de la coloración y bronceado de la piel y las células de Merkel que son células sensitivas.

A esta capa basal le suceden el estrato espinoso o de Malphigio, el estrato granuloso, el lúcido (sólo en la epidermis de las plantas de los pies y las palmas de las manos) y, por último, el estrato córneo donde los queratinocitos han sufrido ya un proceso de maduración transformándose en corneocitos, células completamente queratinizadas cuya única función es la de proteger al resto del organismo de las agresiones medioambientales. Una vez que los corneocitos han cumplido su función, se desprenden y son reemplazados por nuevos en unos 21 días, ya que diariamente se eliminan entre 30.000 y 40.000 células en la epidermis. Entre los queratinocitos de la epidermis se encuentran las células de Langerhans, células móviles involucradas en una gran variedad de respuestas inmunes.

La dermis

La dermis está constituida por tejido conjuntivo, conectando y sosteniendo los distintos tejidos y órganos. Esta capa de la piel contiene entre un 20-40% del agua de todo el cuerpo.

La dermis, como todo tejido conjuntivo, contiene una matriz extracelular donde se encuentran las células, principalmente
fibroblastos y fibras de naturaleza protéica (colágeno, elastina y fibras reticulares), que proporciona soporte a la epidermis y asegura el mantenimiento de las propiedades mecánicas de la piel. Además, la matriz extracelular es rica en proteoglicanos como el ácido hialurónico, capaz de retener 1.000 veces su masa en agua, o el condroitín sulfato, que sirven de reserva hídrica.

La principal función de la dermis es defensiva, ofreciendo protección a los órganos contra traumatismos y lesiones. Brinda nutrición a la epidermis a través de sus capilares sanguíneos, confiere elasticidad a la piel y ejerce una función sensitiva gracias a la multitud de receptores nerviosos.

La hipodermis

La hipodermis, o tejido subcutáneo, representa la reserva energética del organismo. Sus células, adipocitos, son voluminosas
y se distribuyen de manera distinta en la mujer (glúteos y muslos) que en el hombre (zona abdominal).

Emulsión epicutánea

La superficie cutánea está cubierta por la denominada película hidrolipídica, que es una emulsión de agua y grasas. Esta película, también denominada manto ácido, cumple un importante rol en la prevención de enfermedades cutáneas.

El manto ácido contiene en su composición sebo procedente de las glándulas sebáceas, sustancias procedentes del proceso
de cornificación, células córneas todavía adheridas pero en proceso de repulsión y agua de las capas más profundas. Debido a la presencia de componentes ligeramente ácidos, como el ácido láctico o los aminoácidos, esta emulsión tiene carácter ácido siendo el valor del pH entre 5, 5-7,0.

La película hidrolipídica nos sirve para clasificar la piel en grasa, seca o mixta, porque varía en composición y cantidad dependiendo tanto de la zona del cuerpo como de factores exógenos (hora del día, estación del año, humedad ambiental, etc.) y endógenos (estrés, alimentación, enfermedades).

En definitiva, la emulsión epicutánea tiene la función de servir de barrera protectora de la piel frente a agresiones medioambientales y mantener la hidratación epidérmica al disminuir la pérdida de agua transdérmica.

Formación y cuidados

Como hemos visto anteriormente, las funciones de la piel son tan variadas como importantes: protección, termorregulación,
sensibilidad, reservorio, emuntorio, antimicrobiana, melanógena, etc. Por ello es necesario tomar conciencia sobre las soluciones dermotricológicas para mantener la integridad y el buen funcionamiento de ésta.

Cuando la piel se desequilibra y no cumple correctamente sus funciones, aparecen diversas afecciones dermotricológicas, ya sea por alteraciones en el proceso de queratinización, por desequilibrio en la formación de la emulsión epicutánea, o porque el colágeno no se forma correctamente.

El profesional de la belleza debe estar preparado y formado en dermotricología y conocer los productos necesarios para poder tratar las distintas afecciones dermotricológicas con las que se presentarán sus clientes. Para poder prevenir y mantener una piel sana, primero debemos tener un conocimiento profundo de la piel, hacer una correcta evaluación dermotricológica y, una vez determinado el tipo de piel y las posibles disfunciones de esta, tener un conocimiento profundo del cosmético, su composición, indicaciones y bondades para poder elegir el más correcto para el problema específico de cada cliente.

Los cosméticos más adecuados y efectivos deben ser aquellos que mantengan un pH fisiológico, que mantengan las propiedades e integridad de la piel sin provocar efectos no deseados, con principios activos naturales, que difundan fácilmente
a través del cemento intercelular de la epidermis, que actúen donde necesitemos que lo hagan y que se puedan personalizar
para que sean efectivos en cada tipo de afección.

Resumiendo, podemos decir que el profesional de la belleza debe ser una persona implicada tanto en el conocimiento de la piel como de sus funciones y disfunciones, que pueden aparecer en cualquier momento de la vida de un individuo, por factores externos o internos, con seguridad y capacidad de comunicación con su cliente para poder transmitir el problema que le afecta y con el producto adecuado que mantenga o devuelva la integridad dérmica.

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Revista Coiffure

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