"Ángel o Demonio". POR JULIÁN GIJÓN

28 enero, 2013
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Todos los que me conocen saben que soy un soñador. Aunque muchas veces los sueños se convierten en pesadillas. No quería comenzar este 2013, sin compartir este sueño que cambió mi trayectoria profesional hace muchos años.  ¿Real o ficticio…? Qué más da, lo realmente importante es saber cuándo cambiar tu destino, es encontrar tu camino.

Fue un sueño horrible, hasta el punto que cuando lo recuerdo siento un frío intenso que me recorre todo

JULIAN GIJÓN. juliangijon.blogstop.com Asesor Artístico-Creativo de Kin Cosmetics

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el cuerpo y me inmoviliza durante unos instantes. Soñé que: “tenía una peluquería pequeña, en una calle estrecha, en un barrio periférico de una gran ciudad y que pertenecía a ese gran grupo de autónomos con uno, dos o ningún empleado. Mi salón tenía muchos años de andadura y donde la inversión de mantenimiento y renovación había sido escasa, y los precios habían tenido una política de supervivencia. Todo para unas clientas fieles y maravillosas que me visitaban puntual y semanalmente, y a las cuales yo les debía respeto y agradecimiento. Me ofrecían seguridad económica, el sustento de mi negocio y de mi familia. Compartíamos uno de los milagros de la vida: el poder ir envejeciendo juntos.”

De pronto sentí una gran sequedad en la boca que me llevó uno a medio despertar. Seguramente fue culpa del vino de la cena, tal vez un poco en exceso, me produjo este percance que resolví bebiendo agua y quedando de nuevo dormido al instante.

Sin saber cómo, estaba de nuevo sumergido en mi sueño.

“Como cada mañana fui a abrir mi peluquería. Con gran sorpresa descubrí que en el interior estaban todas mis clientas fijas semanales, capitaneadas por las más antiguas. Sus actitudes corporales, como sus expresiones faciales, me empezaron a dar miedo: la señora María me gritaba con una voz ronca y un volumen estridente porque había subido el servicio más de un euro y empezó a arrancarme gran parte de mis cabellos; la señora Carmen me arrancó dos dientes porque este mes la había hecho esperar dos veces; la señora Jordá me extraía un riñón con su propia mano porque la semana pasada no le duró el peinado; la señora López me sacaba el corazón de cuajo porque cuando la peinaba a veces me distraía y hablaba con otras clientas. Yo ya en el suelo, vi cómo mis clientas fijas semanales se me abalanzaban y me comían trozo a trozo.  Yo que había dado toda mi vida por ellas: comuniones, bodas, domingos, fiestas de guardar, dedicación, sumisión, psicología, confesión… Tal vez esa fuera mi última reflexión antes de desaparecer y ser devorado por todas mis clientas fijas semanales.”

Noté que el sudor empapaba todo mi cuerpo y gracias a ello pude despertarme y salir de esa horrible pesadilla. En esos momentos, no sabía distinguir entre los ángeles de la primera etapa o los demonios de la segunda.

Mi agradecimiento a mis demonios. Sra. María, Sra. Carmen, Sra. Jordá, Sra. López y tantas otras, porque gracias a ellas pude empezar a caminar en este mundo de la peluquería. Gracias a los que me ayudaron a tener el valor de ir eliminándolas poco a poco y dar la bienvenida a mis nuevos ángeles, porque gracias a ellos soy una persona valorada, cotizada y feliz de ser lo que soy: “un peluquero de autor”.

Revista Coiffure

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